¿Los vampiros pueden o pudieron existir?
¿Los vampiros pueden o pudieron existir?
Para mí la respuesta es una y está más que sostenida por procesos que, aunque no estén comprobados, son factibles... Sí, los vampiros pueden existir o pudieron existir en un pasado no tan remoto.
Antes de cerrar esta página por pensar que el autor está como una puta cabra, concede una oportunidad a la lógica, puesto que desde ella es desde donde te voy a hablar.
Estamos acostumbrados a entender la realidad del vampiro tal y como el cine o la literatura nos la han presentado, pero la realidad es otra y muy lejana a esta visión romántica y glamurosa de lo que un vampiro sería realmente.
El cine, la televisión o la literatura nos presentan a los vampiros como seres seductores, mágicos, envueltos de un halo de misterio y superficialidad estética, pero si nos retrotraemos a las leyendas originales, al folclore eslavo, ruso, rumano, al folclore de Centroeuropa y la parte más oriental de ella, la estética y la realidad de ese ser cambian radicalmente.
En las leyendas originales, el vampiro no es un ser glamuroso y enigmático que, bajo el poder de su hipnótica mirada, logra que su víctima no solo acepte el mal que su destino le depara; además, consigue que esta termine por desearlo ciegamente.
Las leyendas originales describían a estos seres como entes sucios, harapientos, que desprendían un olor muy desagradable, un olor a amoniaco, humedad y muerte. Eran seres cuyo aspecto dentro de la fosa era el de un cuerpo hinchado, rubicundo y cuya boca estaba manchada por una sustancia sanguinolenta.
Como se podrá observar, es una descripción que dista mucho de la imagen romántica que Hollywood nos ofrece.
El folclore original cuenta que estos seres se levantaban de la sepultura, y con un caminar torpe y pesado, lo primero que su instinto les marcaba era el regresar a su casa, y una vez allí, sus primeras víctimas siempre eran su propia familia.
Ahora, desde la visión más pragmática y lógica, voy a analizar e insinuar el porqué de la posible validez de tales afirmaciones o leyendas.
Voy a explicar de forma razonada la posibilidad de que el vampiro original fuese un ser de carne y hueso, la realidad que tal vez se oculte tras la leyenda y el folclore, incompatible con la representación de la fantasía más irreal e insostenible del cine o la literatura.
Antes de nada, pedir perdón a aquellos a los que mi escrito haga demoler hasta sus mismos cimientos el romanticismo misterioso de un mito aceptado, pero la verdad siempre es una y única, y espera paciente su momento para darnos una bofetada de realidad que nos haga de nuevo volver a poner los pies en la tierra.
¿Puede existir un ser cuyo alimento sea exclusivamente la sangre?
Por supuesto, de hecho, la naturaleza nos brinda numerosos ejemplos, desde insectos parasitarios y ectoparasitarios temporales como los mosquitos, las garrapatas, las pulgas, las chinches o la mosca Tse-tse, hasta animales tanto terrestres como acuáticos como el pinzón vampiro, el picabueyes, las lampreas, el candirú o las sanguijuelas y el único mamífero conocido hematófago, el más que famoso "Desmodontinae o Desmodus rotundus", más conocido como "Murciélago vampiro".
Hay otros animales que de forma oportunista pueden consumir sangre, pero nunca como alimento básico o único de su dieta; esto es debido a lo complicado y especializado de digerir tal elemento rico en hierro y agua y con pocas calorías y grasas. La sangre es principalmente agua y proteína, contando con muy pocas grasas y carbohidratos.
Un ser humano que intentara alimentarse exclusivamente de sangre sufriría un desgaste rápido y considerable de los riñones por un exceso de trabajo al tener que procesar una gran cantidad de líquido continuo; la sangre es en un 90% agua, y el hígado sufriría de igual forma un deterioro notable, puesto que debería procesar una gran cantidad de proteínas con la consabida producción de amoniaco tóxico que debería ser reconvertido por él en urea y ser excretado a través de la orina por los riñones.
Pero lo peor de todo sería la acumulación de hemosiderina por no poder el hígado producir suficiente ferritina.
La sangre es muy rica en hierro debido a la hemoglobina; el cuerpo humano se deshace del exceso de hierro de forma muy poco eficaz, y por ello, la hemosiderina se acumularía en el hígado, y debido a su toxicidad, el proceso de degradación de este sería rápido, llevando finalmente a la muerte de la persona por fallas en hígado y riñones.
¿Qué tiene que ver esto con los vampiros de las leyendas? En condiciones normales, ya hemos visto que un ser humano no podría alimentarse exclusivamente o en gran medida de sangre, pero ahora imaginemos un patógeno que provocara mutaciones en el organismo de una persona.
Esto no resulta para nada descabellado; los virus en si, hacen precisamente esto: se introducen en las células y provocan una mutación en su ADN, con lo cual la función primigenia de estas cambia.
Imaginemos un virus que provoca una mutación alterando hígado, riñones, corazón, pulmones, etc. No es tan difícil de imaginar; de hecho, existen virus que hacen esto precisamente, solo que de forma destructiva. El Ébola, por ejemplo.
Al igual que el Ébola ataca el sistema vascular y reprograma las células para su propio beneficio, llevando a una degradación orgánica que popularmente se describe como 'licuar los órganos', un virus vampírico podría realizar una mutación similar, pero constructiva: rediseñar el hígado y los riñones para que soporten la carga química de una dieta exclusivamente hematófaga.
Es más, este virus no tendría por qué quedarse ahí; sería igualmente factible que rediseñara el estómago para resultar este un entorno increíblemente hostil para cualquier otro tipo de virus o bacteria eliminándolos al igual que ocurre con el del murciélago.
De esta forma, cambiando su acidez y mucosidad, haría que este vampiro homínido no se viese afectado por virus alguno que contuviese la sangre de la víctima.
Por otra parte, tenemos los pulmones. Este virus podría lograr que el oxígeno necesario para la vida se obtuviera de la propia sangre ingerida; esto sería posible a través de una "Glucólisis Anaeróbica Permanente".
Esto explicaría uno de los rasgos más perturbadores del folclore: la capacidad de estos seres para subsistir en el ambiente viciado y sin oxígeno de una sepultura.
Al prescindir del ciclo de oxidación celular convencional (el que usa el aire que respiramos), el organismo mutado obtendría energía mediante la glucólisis anaeróbica, descomponiendo los azúcares de la sangre ingerida.
Sin embargo, este proceso es metabólicamente mucho menos eficiente que el nuestro. Genera una acumulación masiva de ácido láctico en los tejidos, lo que justificaría el caminar torpe y pesado descrito en las leyendas eslavas y obligaría al ser a una búsqueda obsesiva de nuevas víctimas.
No es una sed mística; es la necesidad biológica de un motor que quema combustible a un ritmo frenético para mantenerse en marcha en un cuerpo que, técnicamente, ya no respira.
Esta fermentación interna, sumada al amoníaco que mencioné antes, completaría ese cuadro de olor rancio y humedad que la literatura romántica decidió ignorar."
Si comparamos al ente de la leyenda con el murciélago, los resultados que nos da son realmente reveladores.
El murciélago tiene un peso que ronda de media los 40 gramos, y debido a la velocidad con la que su organismo quema energía, especialmente cuando vuela, es necesario que el animal consuma diariamente su propio peso en sangre.
Extrapolando los cálculos a un vampiro de 80 kilogramos y teniendo en cuenta las calorías que tienen 100 ml de sangre, este necesitaría, para cubrir las necesidades calóricas de un humano medio, del orden de los tres litros diarios , pero como su metabolismo se ha transformado en anaeróbico, esta cantidad aumenta significativamente.
Esta transición al metabolismo anaeróbico dicta una necesidad biológica aterradora. Mientras que un ser humano sano obtiene 36 moléculas de energía (ATP) por cada molécula de glucosa gracias al oxígeno, un organismo que funciona mediante fermentación apenas obtiene 2.
Esta ineficiencia metabólica obliga al ser a consumir cantidades industriales de combustible: mis cálculos sugieren que un 'vampiro' funcional necesitaría entre 4 y 5 litros de sangre para obtener la energía mínima necesaria.
Coincidentemente, 5 litros es el volumen total de sangre de un adulto promedio.
Esto dota de una lógica macabra al folclore: el vampiro no 'pica' el cuello para un refrigerio, necesita 'vaciar' a una víctima completa para recargar su ineficiente sistema y, además, es lo que tanto folclore como cine y literatura sostienen, que un vampiro necesita mínimo una víctima adulta diaria para sobrevivir.
La fantasía y la realidad coinciden de forma alarmante.
Otros detalles de suma importancia a mencionar serían el porqué del cambio a un organismo anaeróbico.
Con este cambio se logra que los pulmones ya no sean necesarios y, con ello, se produce su atrofiamiento, el cual permite a la vez dejar espacio para un hígado, riñones y corazón necesariamente sobredimensionados.
Del hígado y los riñones ya hemos explicado el porqué de esta sobredimensión, y ahora le toca el turno al corazón.
Este debería ser más grande y potente para lograr impulsar una sangre más densa a lo largo del cuerpo; pero esa sobredimensión de los músculos cardíacos también haría que no fuesen necesarios más de tres o cuatro latidos por minuto.
También hay que mencionar que este ser, debido al metabolismo alcanzado, perdería gran parte de su temperatura corporal, encontrándose superficialmente al tacto mucho más frío que un ser humano.
Si sumamos todos estos conceptos, lo que nos encontramos es que, en una inspección médica o particular de los siglos XV, XVI o XVII con la finalidad de certificar la muerte de una persona, la ausencia de respiración, la baja temperatura corporal (inferior a la de una hipotermia) y la casi ausencia de latidos llevarían a la conclusión de que el individuo en cuestión había abandonado este 'valle de lágrimas' para ir al encuentro de su hacedor.
Sin embargo, un corazón tan potente moviendo una sangre tan densa a un ritmo tan pausado se enfrentaría a un problema físico inevitable: la coagulación.
En un sistema circulatorio casi estático, la sangre se convertiría rápidamente en una masa sólida, provocando una trombosis fulminante.
Es aquí donde la mutación viral alcanzaría su mayor grado de especialización.
El virus debería reprogramar las glándulas salivales y el propio torrente sanguíneo para producir un anticoagulante extremadamente potente, similar al de los murciélagos hematófagos que curiosamente, y como dato anecdótico, os diré que se llama 'Draculina', o también esta la opción de la hirudina de las sanguijuelas, pero a una escala humana.
Esta sustancia no solo permitiría que esa 'sangre pesada' fluyera sin obstáculos a pesar de la baja pulsación, sino que explicaría otro detalle macabro de las exhumaciones históricas: el hallazgo de sangre líquida y fresca en la boca y el pecho de cadáveres que llevaban semanas enterrados.
No era un milagro ni un signo de vida mística; era el resultado químico de un organismo saturado de agentes anticoagulantes que impedían la coagulación post-mortem convencional.
Ahora afrontaremos otro proceso que dará lugar a la explicación de otra parte de la leyenda de forma lógica.
Durante este proceso de transformación de los órganos internos del cuerpo, la persona afectada por el virus era enterrada antes de este estar concluido totalmente.
En esas épocas, las sepulturas de los difuntos diferían drásticamente de las de hoy en día.
Al finado, de no pertenecer a familia noble o de castas adineradas de la sociedad, se le daba sepultura directamente en la tierra, normalmente amortajado con un simple sudario de tela.
Como mucho, en algunos lugares tenían la costumbre de trasladar el cadáver en un ataúd comunal perteneciente a la iglesia hasta el lugar donde sería inhumado, pero una vez allí, era sacado de la caja para ser depositado directamente en la fosa cavada a tal efecto.
Esta forma de sepultura tenía como consecuencia directa favorecer al supuesto vampiro en dos aspectos básicos y necesarios.
Por una parte, la humedad y temperatura de la tierra ayudaban a la conservación del cuerpo mientras se completaba la transformación interna, y por otra, era de vital importancia el haber sido enterrado directamente en la tierra sin artificios ornamentales como podría ser la caja de madera.
De esta forma, el vampiro, una vez reanimado, podría escarbar la tierra buscando el llegar a la superficie de forma mucho más sencilla de lo que habría resultado si hubiese estado dentro de un féretro cerrado, y hay que tener en cuenta que las fosas eran de poca profundidad, casi superficiales.
En el proceso de transformación, es lógico pensar que el cerebro, al verse privado en un primer momento de oxígeno, quede en un estado caótico, prácticamente carente de funciones complejas y conservando las básicas garantizadas por el cerebro de reptil, esa parte profunda que garantiza un mínimo para la supervivencia: comer, moverse y ciertos recuerdos muy básicos, los suficientes como para saber regresar a la zona de confort donde antaño el ser se sentía a salvo.
En resumen, unas funciones instintivas más de supervivencia tipo animal que de ser humano.
Esto explicaría por qué en las leyendas se cuenta que, por norma general, el vampiro, una vez escapa del sepulcro, siempre vuelve a la que fue su casa.
Esto también explicaría por qué, de forma habitual, los propios miembros del clan familiar eran los primeros en convertirse en las víctimas del ente.
Si el vampiro por instinto es capaz de regresar a su casa, los miembros familiares de su círculo más cercano, al verlo de nuevo, lo recibirán con alegría, dotando al suceso de las características propias de un milagro; no rehuirán su presencia, todo lo contrario, facilitarán su acceso al núcleo familiar.
Supongo que en un primer momento, al verse de nuevo en un lugar seguro, el vampiro se encontraría calmado, asimilando el contexto.
Esto lo deduzco porque el instinto de supervivencia hace prevalecer el encontrar refugio antes que alimento, aunque una vez logrado lo primero, lo segundo sea una consecuencia inevitable.
Hay otra pincelada del cuadro que vale la pena remarcar: en las leyendas originales se cuenta que el retornado no contesta a las preguntas que se le hacen, que no emite sonido alguno y que se limita a observar fijamente a quienes le rodean.
Esto también podría tener una explicación lógica. En primer lugar, ese silencio no es una opción, es una imposición fisiológica.
Retrotrayéndonos en nuestra explicación, hemos acordado que el vampiro ya no respira, y cuando un ser humano no exhala aire, es del todo imposible articular palabras; si el aire no pasa a través de las cuerdas vocales, es imposible que estas vibren, y sin vibración, la obtención de sonido alguno, ni tan siquiera un gruñido básico, se vuelve algo del todo inalcanzable.
En cuanto a lo de observar a quienes le rodean, puede ser otra consecuencia directa del virus.
El patógeno, en su afán de transformación y especialización del cuerpo huésped, puede encargarse de modificar la vista de este para lograr una mayor eficacia en cuanto a la obtención de alimento se refiere.
Al igual que el murciélago tiene una vista adaptada para que, en ausencia de prácticamente toda luz, sea capaz de captar movimiento y que en su nariz tenga unos receptores que funcionen como una cámara infrarroja o térmica para ser capaz de detectar el lugar donde la sangre fluye de forma más superficial, herramienta con la que también cuentan los mosquitos y exactamente ideada para lo mismo, el virus puede haber transformado la vista del supuesto "Hominus Nocturna", especializándola exactamente en lograr esta función en concreto, volverla una especie de vista de infrarrojos o térmica para localizar en qué lugar del cuerpo se encuentra el acceso más superficial al alimento demandado.
Esto por si solo explicaría a su vez otra parte de la leyenda, el que el vampiro salga solo de noche, aunque en los mitos originales se encuentren algunos en los que se afirme que también se le puede ver de día en según qué localizaciones.
Pero si nos ceñimos a la creencia popular de que tan solo actúa una vez el sol se esconde tras el horizonte, esto sería fácilmente explicado por la especialización de la vista que hemos comentado.
Que observe a todos con detenimiento se debería a que está, como el depredador en el que se ha transformado, localizando la fuente idónea de alimento que ya necesita, y que no sea posible verlo antes del anochecer es una consecuencia lógica del tipo de vista con la que ahora está equipado.
Si el virus ha rediseñado su visión para ser infrarroja o térmica, verse expuesto directamente a una fuente de luminosidad como el sol sería motivo de un dolor punzante, de una más que posible desorientación y una incapacidad momentánea mientras tal luminaria persista.
Otra consecuencia de su nuevo estatus físico podría ser la fotosensibilidad de la piel, lo cual le llevaría a poder sufrir quemaduras solares por exposición, aunque nunca al nivel que vemos en las películas en las que, cuando son expuestos al sol, los vampiros estallan en llamas repentinas.
Pero aun con todo, aún quedaría por resolver el tema de la inmortalidad, que, por difícil que pueda parecer, también queda fácilmente cubierto si contemplamos la posibilidad de un ser con las características detalladas.
El metabolismo del que haría gala un ente como el que nos ocupa sería altamente conservador en cuanto a envejecimiento se refiere.
La mitad de su tiempo lo pasa en un entorno de suspensión inactiva, enterrado o escondido en algún lugar lejos de la luz diurna, una especie de pequeño ciclo de hibernación en el cual sus funciones se reducen a un mínimo vital.
Un corazón humano tiene una media de latidos programados a lo largo de su existencia de entre 2500 y 3000 millones de latidos. Un ser al que no afectan las enfermedades y descartando la muerte por accidente, si tan solo nos basamos en este dato y teniendo en cuenta que el corazón del renacido tan solo late a una media de tres veces por minuto, además de que al no respirar la oxidación celular desaparece, se estimaría una media de vida de casi dos mil años.
Esto, para cualquier mortal, aunque no sea la inmortalidad propiamente dicha, sería lo más parecido a ella que se puede encontrar.
Por último, queda resolver la cuestión del poder de transformar los vampiros a otros seres humanos en seres a su imagen, semejanza y características concretas.
Esta es la más sencilla de las incógnitas de cuantas hemos tratado.
Si después de producirse un ataque, quien lo sufre logra sobrevivir, debido a las mordeduras, lo más normal, tratándose de un virus, es que este se encuentre en la saliva del vampiro y sea transmitido a la víctima, convirtiéndose el cuerpo de esta última en el nuevo huésped del patógeno, quedando finalmente infectado y volviendo a repetirse el ciclo.
Con todo lo anteriormente expuesto, podríamos discernir que, de haber existido en algún momento de la historia un virus capaz de causar tales transformaciones, podría haber dado origen a las antiguas leyendas de vampiros.
Este posible virus, de haber sido real en algún momento histórico, explicaría de forma lógica y totalmente terrenal las implicaciones de algo que pasaría de ser un tema sobrenatural a ser una enfermedad en el más amplio significado de la palabra.
Si nos olvidamos los colmillos de plástico de las películas, los trajes de seda y los ataúdes con un interior forrado en terciopelo, al final la navaja de Ockham nos muestra una verdad que se pudo haber dado sin misticismos o subterfugios oscuros.
Aunque todo esto no explicaría el reservorio original del virus, ni cómo se extinguió, si es que en algún momento de la historia llegó a hacerlo.
Conclusión Final:
Quizá el vampiro nunca fue un monstruo, sino un espejo.
Un recordatorio de que la vida y la muerte no son estados absolutos, sino territorios borrosos donde la biología y el miedo se confunden.
Tal vez por eso la leyenda perdura: porque no habla de criaturas imposibles, sino de nuestra necesidad de explicar lo que no entendemos.
Y mientras exista esa necesidad, el vampiro seguirá vivo, aunque solo sea en la frontera entre la ciencia y la sombra.
Si este virus existió, no fue magia, ni maldición, ni castigo divino. Fue biología.
Y la biología, a diferencia de los mitos, no desaparece: muta, espera, se adapta.
Tal vez las leyendas no sean advertencias del pasado, sino ecos de algo que aún no ha terminado de morir.
Porque los virus no se extinguen, nunca mueren, solo fingen estar muertos... y siempre regresan cuando encuentran al huésped adecuado.
Aquí os dejo la que podría ser la ficha médica real de un virus como este.
ANEXO: FICHA TÉCNICA DEL PATÓGENO (Clasificación Especulativa)
Designación Taxonómica:
Retrovirus Hematophagus de Swieten (Hipótesis: Familia Retroviridae).
Nombre Vulgar:
Virus del Vampirismo Primigenio (VVP).
Mecanismo de Infección:
Transmisión por fluidos (saliva) mediante inoculación directa en el torrente sanguíneo (mordedura).
Tropismo Celular:
Ataca principalmente hepatocitos (hígado), nefronas (riñones) y miocardiocitos (corazón), induciendo una reprogramación genética masiva.
Sintomatología Clínica y Mutaciones Observadas:
Fase de Latencia (Muerte Aparente): Colapso del sistema respiratorio. El virus induce un estado de animación suspendida mientras reescribe el ADN mitocondrial para la transición al metabolismo anaeróbico.
Especialización Orgánica: Hipertrofia del ventrículo izquierdo (corazón) y de los lóbulos hepáticos. Atrofia pulmonar progresiva por desuso.
Bioquímica Hematológica: Producción endógena de Draculina-H (anticoagulante humano sintético) y niveles extremos de ferritina para la gestión del hierro ingerido.
La Ceguera Térmica (El "Deslumbramiento" Infrarrojo)
Si como explicamos, el virus ha rediseñado los ojos del huésped para convertirlos en sensores térmicos/infrarrojos (capaces de ver el calor de las venas en la oscuridad total), la luz del sol sería físicamente insoportable.
Sobrecarga sensorial:
Para un ojo adaptado a detectar sutiles cambios de temperatura en la negrura de una fosa, los rayos UV y la luz visible del sol actuarían como una bomba de fósforo.
No es que el sol los mate al instante, es que los ciega por completo, provocándoles un dolor neurológico agudo y desorientación total.
Para un depredador que depende de su precisión, la luz del día es su mayor incapacitante.
Xerodermia y Porfiria Viral:
El virus, al alterar el metabolismo del hierro y la hemoglobina, podría generar una condición similar a la porfiria eritropoyética o a la xerodermia pigmentosa.
Fotosensibilidad extrema:
La acumulación de subproductos del hierro en la piel (debido a esa dieta masiva de sangre) reacciona violentamente ante los rayos ultravioleta.
Quemaduras químicas:
Al contacto con el sol, estos compuestos se oxidan rápidamente en la dermis, provocando quemaduras de segundo y tercer grado en cuestión de minutos.
No estallan en llamas como en el cine, pero su piel se llenaría de ampollas y necrosis (tejido muerto) de forma casi inmediata.
El ciclo circadiano del virus:
Muchos patógenos son más activos en la oscuridad.
La luz solar podría degradar las proteínas virales que mantienen el metabolismo anaeróbico en marcha, obligando al ser a buscar el frescor y la oscuridad de la tierra para no "apagarse" biológicamente.
Fuente de Energía:
Glucólisis anaeróbica (fermentación láctica).
Subproducto Residual:
Ácido láctico (causante de rigidez muscular) y urea nitrogenada (olor a amoníaco).
Esperanza de Vida Estimada: Indeterminada (basada en el ahorro del límite de Hayflick por bradicardia extrema y ausencia de estrés oxidativo)
Estado Actual:
Estatus: Erradicado o En estado de latencia (Reservorio desconocido).
Nota Médica:
El patógeno no mata al huésped, lo rediseña para que sea su vehículo de propagación eterno.
La "sed de sangre" no es un síntoma psicológico, es la demanda de combustible de un sistema metabólicamente ineficiente.

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